Cuando el presidente ruso, Vladimir Putin,
ordenó la intervención militar directa en Siria en septiembre pasado, su
intención era lograr una victoria rápida y contundente que tapara otros
problemas por los que Moscú transitaba, en particular la apropiación y anexión
de tierras en Georgia y Ucrania.
Nueve meses más tarde, después de haber
logrado casi nada en lo que se refiere a la relación de fuerzas en la -extraña-
guerra siria, Putin está buscando una salida decorosa para su aliado Bashar al
Assad y también para salvar su propia imagen.
La semana pasada, Moscú difundió la noticia
de que Rusia había llegado a un acuerdo no especificado con la administración
Obama para encontrar la manera de poner fin a la guerra civil siria. Al mismo
tiempo, el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, viajó a Damasco,
“presumiblemente para preparar al asediado presidente Assad a digerir una
píldora amarga aún no especificada”, según informo –textualmente- la cadena
televisiva RT en su sección en lengua árabe.
Putin está actuando a su estilo: “el del
oportunista agradable y simpático”, según las declaraciones del presidente
turco Recept Tayyip Erdogan publicadas por Reuters 48 horas antes del ataque
terrorista al aeropuerto de Estambul del pasado martes.
“Si una política no funciona está dispuesto
a modificarla e incluso abandonarla. Hace un año podría haber soñado con la
victoria militar total en Siria, hoy en día sabe que eso no va a suceder”, dijo
Erdogan a Reuters.
Sin embargo, más allá de estas duras
declaraciones de Erdogan. Lo que debería preguntarse la comunidad internacional
es ¿Qué pasa con el otro actor en este juego de poder trágico: la República
Islámica en Irán? ¿Por qué la élite khomeinista está preocupada por perder su
imagen de poder? La respuesta es que Teherán no está dispuesto a perder o
abandonar su política para Siria hasta el último momento, con prescindencia de
lo que haga Putin.
Bien vale en este último punto recordar al
difunto Ayatollah Khomeini, que insistió con su “estrategia perdedora” en la
guerra contra Irak durante ocho años, hasta que fue obligado; según sus propias
palabras: a “beber el cáliz con veneno” y aceptar un alto el fuego que podría
haber aceptado siete años antes.
Su sucesor, el Ayatollah Ali Khamenei, es
un dirigente difícil de evaluar en relación a su contacto con la realidad. Su
accionar recuerda la conducta de Khomeini. Algunos creen en Teherán que, ya
entrado en años, se ha vuelto más radical, por no decir imprudente en la
aplicación de políticas que persiguen espejismos. Pareciera que Khamenei sólo
está interesado en entrar en la historia como un líder revolucionario que nunca
tiró la toalla y su objetivo es huir de los “cáliz de veneno” de los que
Khomeini fue obligado a beber.
Según el Consejo de la Resistencia Iraní en
el exilio, “es por ello que Khamenei sigue hablando de victoria total en Siria
y continúa repitiendo que mantendrá el presidente Assad por lo menos hasta el
final de su mandato de siete años”.
Algunos asesores del presidente Obama han
modificado su concepto de él luego de la firma del acuerdo nuclear y han
declarado -pidiendo reserva y anonimato- que Khamenei ha desarrollado un ego
descomunal, y está convirtiéndose en prisionero de sus propias fantasías.
Sin embargo, Khamenei no es tan imprudente
en este juego de poder regional como pudo haberlo sido Khomeini en su tiempo.
Ha demostrado estar siempre atento y saber cuándo golpear al enemigo siempre
que no encuentre ninguna consecuencia grave posterior. Varios episodios pueden
ratificar esta táctica de Khamenei como jugador más cauteloso e incisivo que
Khomeini.
En 1980, cuando los diplomáticos
norteamericanos fueron tomados como rehenes en la embajada estadounidense en
Teherán, Khamenei visitó el edificio ocupado y se mostró muy amable con los
rehenes. Terminada la crisis, trató de negociar la compra de armas con EE.UU.
Su plan fue enviar una señal de que él era el hombre con el que los
norteamericanos podían hacer negocios.
En 1996, el canciller francés, Hervé de
Charette, negoció un acuerdo con su homólogo iraní, Ali Akbar Velayati, para
ayudar a liberar algunas sanciones a cambio de mantener a raya a Hezbollah,
Khamenei lo aprobó y ordenó a Hezbollah que se abstenga de cualquier movimiento
anti-israelí por varios años. De hecho, esto duró diez años, hasta julio de
2006, en que Hezbollah decidió ingresar a territorio israelí, secuestrar a dos
soldados y asesinar a otros seis, acción que abrió la guerra conocida como de
los 33 días.
Un ejemplo más reciente es la posición de
Khamenei en relación con el llamado acuerdo nuclear urdido por el gobierno de
Obama. El “Guía Supremo” sabía que todo el asunto era una estafa y, sin
embargo, adoptó una posición de rechazo al Acuerdo en los medios de prensa
iraníes y en varios discursos públicos, al tiempo que permitió a sus
subordinados continuar con el plan y cerrar dicho acuerdo detrás de la escena.
De hecho, durante los últimos meses, Khamenei ha estado diciendo a quien quisiera
escucharlo que las sanciones no habían tenido ningún efecto sobre Irán y que el
tratado firmado no comprometía en nada el avance de Irán en sus políticas
nucleares, lo cual conformó un quebradero de cabezas en Bruselas cuando Merkel
y otros euro-dirigentes entendieron que habían sido engañados.
Khamenei ha mostrado un grado de
flexibilidad práctica que ningún político se atrevió a imaginar en un líder
iraní emergente de la Revolución Khomeinista desde 1979 hasta la actualidad.
Pero volviendo a Siria, como acertadamente
se pregunta el periodista sauditaDaham Al-Anzi, ¿Khamenei va a seguir hablando
mientras continúa la matanza detrás de la escena?
La respuesta a esta pregunta es compleja.
Una de las razones es que un cambio en la política de Irán sobre Siria no puede
ser camuflado fácilmente. Khamenei no tiene más opciones que: “entregar a Assad
a los lobos o continuar apostando por él a sabiendas de que cabalga sobre un
caballo muerto”.
Otra razón es que la República Islámica no
es el jugador clave en el desastre de Siria. Sobre todo cuando Rusia, Estados
Unidos y Turquía también están profundamente involucrados igual que los estados
árabes del Golfo con Arabia Saudita a la cabeza. Otra razón es que la base de
apoyo de Assad (el partido Baas) no está interesada en recibir órdenes de
Teherán como sí lo está Hassan Nasrallah y los seguidores de Hezbollah en
Líbano.
Más importante, quizás, es lo que refiere a
la ayuda interna. Allí las opciones de Khamenei en Siria se están estrechando.
Prácticamente no hay ninguna simpatía por Assad entre el público iraní, Teherán
está teniendo dificultades para convencer a un número mayor de “voluntarios”
para ir a Siria. Eso es público y ha sido informado por el ministerio de guerra
iraní en el mes de mayo.
El general en jefe del Cuerpo Al-Quds,
Qassem Soleimani, un especialista en propaganda militar del régimen, ya no
repite sus promesas al pueblo iraní de una “inminente victoria”. A cinco años
de la intervención de Teherán en Siria, lo que ve el pueblo iraní es un gran desastre
militar a medida que aumentan los cadáveres de sus oficiales y soldados,que ya
son difíciles de ocultar. El general grandilocuente ha bajado el tono de sus
declaraciones y toma sus “selfies” en Irak, donde está adscripto al gobierno
iraquí como “asesor” e incluso promueve la idea de convertirse en candidato a
la presidencia el próximo año.
En su lugar, Khamenei ha pedido al general
Rezai, un jefe retirado de la Guardia Revolucionaria, aportar “nuevas ideas”
para revertir el desastre en Siria. Rezai no es el genio militar que fue; ya es
una persona mayor en comparación con el
joven y verborrágico Soleimani. Sin embargo, ésta ha sido una señal -de
las tantas- que el Guía Supremo reconsideró porque sabe que la política actual
de Irán en Siria no está funcionando y que el régimen está pagando un altísimo
costo en lo económico, lo militar y en el plano político interno.
El descontento de la ciudadanía iraní en la
cuestión siria es cada vez más manifiesto. Puede que no sea suficiente todavía,
pero es una señal de que Teherán deberá replantearse sus fantasías para con
Siria en la defensa y el sostenimiento de un presidente como Assad a quien los
hechos lo están arrastrando al precipicio día tras día.
El régimen iraní, en su pantano sirio
05/Jul/2016
PorIsrael, por: George Chaya